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Seleccionamos los instrumentos para ti y te ofrecemos la mejor calidad precio


En elige tu violín vendemos con experiencia, conocimientos y amabilidad. Llevamos desde 2011 haciéndolo y toda la vida preparándonos. En nuestro catálogo puedes encontrar instrumentos que abarcan desde Enseñanzas Elementales hasta el Grado superior.

Tenemos la mejor relación calidad-precio del mercado.

Cada violín y violonchelo que ofrecemos está hecho a mano por expertos luthieres.

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Ahora puedes probar los instrumentos como tú quieras y llevarte el que más te guste.


Pruébalo en clase y que tu profesor te aconseje.

Pruébalo en casa con todas las comodidades.

Realizamos la prueba a través de videollamada, así podrás ver y oir al instrumento que más se ajuste a tus necesidades.

En elige tu violín un músico experto te ayuda a probar y comparar los instrumentos.

Llama sin compromiso al teléfono 661 42 66 42 y recibirás asesoría personalizada totalmente gratuita.

eligetuviolin.com      Wood&Good

CATÁLOGO DE INSTRUMENTOS

En nuestro catálogo podrás encontrar todos los modelos de violines y violonchelos diferentes que se adaptan a las necesidades de cada intérprete.

Violines
Violoncellos

PRUEBA GRATUITA DE INSTRUMENTOS

No dude en ponerse en contacto con nosotros si desea información, conocer los precios o probar los instrumentos.

OPINIONES DE NUESTROS CLIENTES

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  • “En la escuela donde doy clase en Torrejón de Ardoz, desde que conozco los violines de Ainhoa, la mayoría de mis alumnos tienen uno. La relación calidad-precio es inmejorable, tanto en acabado como en sonido. Yo me hice con uno para tocar en mi grupo (www.vipersquintet.com)”

    Daniel García Reñones - Profesor en E.M.M. Torrejón de Ardoz

  • “Yo les digo: vete a las tiendas y mira. Luego prueba uno de Wood & good… Al final se quedan siempre con los de Wood & good”

    Ángel Paunov - Profesor en la E.M.M. de Alpedrete

  • “Antes de comprar el cello estuve mirando en tiendas para hacerme un idea de lo que podía encontrar con mi presupuesto; pero cuando me puse en contacto con Ainhoa y pude probar el violonchelo que me ofrecía, la decisión fue fácil. Y después de un año, más contento estoy de haberla tomado. Por su sonido no me cabe la menor duda de que será un cello de largo recorrido, que me acompañará en todo mi aprendizaje.”

    Enrique -Estudiante en Madrid

  • “Ainhoa me dejó probar durante unos días dos cellos que reunían las características que buscaba. La decisión de ambos cellos fue muy difícil, ya que ambos eran magníficos instrumentos. Finalmente me enamoró la dulzura de sonido y la variedad de matices de uno de ellos. La calidad de la madera fue también un factor decisivo. Por último, destacar que el precio era sobresaliente.”

    Irene Pinto - Estudiante de Madrid

  • “Servicio impecable y buenos instrumentos a precio asequible! Recomendable 100%”

    Sara Pérez - Violinista

  • “Buena calidad en los instrumentos y es muy amable con los clientes!!, muy recomendable!!”

    Nadia - Profesora de viola

  • “Lo principal que Ainhoa te ofrece es su profesionalidad, atención, asesoramiento y saber hacer.

    Y si encima sus instrumentos suenan bien y tienen una estupenda relación calidad precio mucho mejor.

    Creo que no se puede pedir mas. Gracias Ainhoa.

    (Nosotros compramos un violin)”

    Jesús Siguero - Cliente

  • “Ainhoa tiene unos violonchelos estupendos y a precio más que razonable. Además ella tiene mucha paciencia y te aconseja hasta el último detalle. Todo son facilidades, incluso me ha dejado probar el cello en mi casa antes de decidirme.”

    Pedro Llanera - Cliente

  • “Gracias a "elige tu violín" Julia, de 13 años cuenta con un chelo que suena genial. Además se suma la generosidad y ayuda de Ainhoa para mantenerlo en perfecto estado.”

    Rosa Fernández del Rey - Cliente

erica ramallo

Cásicos en Libertad, un cálido relato escrito por Erica Ramallo para la revista “La Grieta”. En él podréis intuir las buenas sensaciones que se viven en este pequeño café de la céntrica calle Libertad en Madrid.

Salgo al escenario. Apoyo el violín sobre mi hombro y me preparo para empezar a tocar. De repente siento que la punta de mi arco, un Charles Bazin de 1948, choca contra una viga de madera. Me giro un poco hacia la izquierda intentando no tropezar con la vieja pianola arrinconada, pero no hay apenas espacio. Un poco más allá se oye un tintineo de hielo contra cristal, y luego una tos que ahoga los primeros compases de la Sonata n.7 de Beethoven…

 Madrid, 2010.

Como de costumbre, llego demasiado pronto al ensayo. No importa, aprovecho para curiosear un poco en el café que acaban de abrir cerca del conservatorio. Hace tiempo que tenía ganas de entrar. Es uno de esos sitios, cada vez más frecuentes, en los que puedes tomarte un cappuccino al tiempo que ves una exposición u hojeas alguna revista literaria. Y tienen un rooibos con canela que me deja alucinada. Junto con la cuenta, que me deja más alucinada todavía, el camarero me pasa una programación musical mientras mira mi violín y sonríe.

Después del ensayo con el cuarteto —el breiter del tercer movimiento de Hindemith no mejora y sospechamos que nunca saldrá— nos vamos a tomar unas cervezas. Hablamos de varias cosas, entre ellas del nuevo café y su programación musical, en la que la música clásica está previsiblemente ausente. La conversación se anima y vuelve a surgir un viejo tema que nos inquieta desde hace ya tiempo: ¿es posible concebir espacios en los que la gente ajena al mundo de los auditorios pueda disfrutar del repertorio clásico? ¿Habría que cambiar el formato típico del concierto sinfónico o de cámara e intentar adaptarlo a las necesidades e intereses del público actual?

"Lo que realmente nos preocupa a los músicos es encontrar la manera de conectar con el público"

Según contó el crítico musical Alex Ross en una conferencia en la Royal Philarmonic Society de Londres, el concierto clásico del XVIII y comienzos del XIX era muy diferente del acontecimiento sobrio y tímido de nuestros tiempos. Mozart dejó constancia en una carta a su padre con motivo del estreno de la sinfonía París, de la búsqueda intencionada del aplauso en momentos precisos de su obra; y J. S. Bach organizaba conciertos semanales en el bullicioso escenario del Café Zimmermann, un establecimiento para universitarios en Leipzig de atmósfera parecida a la de las tabernas actuales.

Es cierto que el ritual de aplausos al final y toses entre movimientos, el grado de interacción con el público o la manera de presentar el repertorio son aspectos que llevan casi un siglo sin variar y que pueden crear o disolver barreras entre el escenario y las butacas. Pero detrás de los eternos debates sobre si debería permitirse comer y beber en la sala, si es conveniente aparecer vestido de etiqueta o si es lícito romper a aplaudir como un poseso cuando a uno le apetece, se esconde una cuestión bastante más compleja y que es la que realmente nos preocupa: encontrar la manera de conectar con el público.

El concierto en vivo es el único momento donde compositor, intérprete y oyente pueden llegar a un estado de conexión total. Cuando esto ocurre, se abre un canal de comunicación que hace de esa actuación una experiencia única para cada uno de los participantes. Y hace que todos queramos repetirla y vivirla de nuevo, porque engancha.

"Dar un concierto en un bar es como una charla entre amigos, donde todos tienen algo que decir"

Ya con la tercera cerveza, Pablo, guitarrista y compañero de fatigas, nos confiesa que hace poco tuvo esa increíble sensación tocando en un recital de música y poesía en un café, y que le encantaría poder frecuentar ese tipo de escenarios con su repertorio clásico habitual.

—El clima que se crea en estos conciertos es distinto del de un auditorio —nos cuenta—, es más cercano, más íntimo. El escenario, las mesas, las sillas… todo se convierte en una unidad sin distinciones. Mientras estás tocando estás sintiendo la reacción espontánea de la gente; notas si se divierten, se sorprenden, se alegran e incluso si se aburren. Esto crea un vínculo muy fuerte y hace que tu prioridad sea emocionarles, compartir sensaciones. Un poco como en una charla entre amigos, donde todos tienen algo que decir.

En el fondo, para eso hemos estudiado música, ¿no?

Así que nos propusimos juntarnos y organizar conciertos informales en los que hablemos con el público explicando en cada concierto quiénes somos, qué piezas hemos escogido y por qué razón. Decidimos hacer un recorrido histórico-musical por algunas de las páginas más importantes de la música clásica, enriqueciendo y ampliando sus formatos de escucha. En definitiva, dar respuesta a esa necesidad de comunicación entre el músico y el público.

El lugar que tenemos en mente es el Café Libertad 8. Casi todos los músicos conocemos esta antigua vaquería y taberna de finales del XIX que se ha convertido en un referente para cantautores y artistas emergentes. Los ventiladores en el techo, el suelo de barro cocido y la imposibilidad de usar el móvil porque no hay cobertura generan una sensación de atemporalidad perfecta para reencontrarse con compositores del barroco, románticos o incluso de los siglos XX y XXI. Presentamos nuestro proyecto al gerente —por aquel entonces Ricardo del Olmo— y llegamos a un acuerdo: un domingo al mes, durante dos horas, los clásicos visitarán el Libertad. Voz, guitarra, clarinete, violonchelo y por supuesto la vieja pianola serán algunos de los encargados de guiarnos en estos encuentros musicales.

Y aquí estamos. De nuevo subidos a la pequeña tarima, a punto de comenzar la trigésimo quinta edición de Clásicos en Libertad. Y mi Charles Bazin, como en las treinta y cinco ediciones anteriores, vuelve a chocar con la viga de madera. Hay cosas que nunca cambian.

Otras, en cambio, sí.

Hace unos meses comenzó el ciclo Mittendrin (literalmente, «En el medio») en la sala Konzerthaus de Berlín. El público se sienta entre los músicos de la orquesta y dialoga con el director, el húngaro Ivan Fischer, que explica las piezas que se van a tocar: su contexto histórico, la estructura compositiva… Es uno de tantos intentos que hay ahora mismo por crear un contacto directo entre intérpretes y oyentes.

Concierto de flauta con Federico el Grande en Sanssouci, de Adolph Menzel (1850-52). Wikimedia Commons.

Concierto de flauta con Federico el Grande en Sanssouci, de Adolph Menzel (1850-52). Wikimedia Commons.

Propuestas como esta, que suponen una alternativa a la habitual oferta de música clásica en vivo, están apareciendo también en Madrid. MATP o Music Above The Park es un proyecto sin ánimo de lucro que organiza conciertos todos los fines de semana en una casa señorial con espléndidas vistas al Retiro. Se realizan veladas musicales en las que, además de escuchar alrededor de una hora de música puedes luego tomarte una copa de vino y charlar con el artista, al más puro estilo de los conciertos de salón del siglo XIX.

Otro de los espacios que propone un revolucionario concepto de acercarse a la música clásica es La Quinta de Mahler. Enclavada en el Madrid más tradicionalmente musical, entre la Plaza de la Ópera y el Teatro Real, este local vende discos, organiza encuentros con artistas, conciertos y presentaciones de CD y libros. Un lugar perfecto para los melómanos curiosos.

¿Qué resultará de todo esto?

¿Llegará la música clásica a integrarse en la vida de la gente?

Nosotros lo seguiremos intentando. Un domingo al mes, en Café Libertad 8.

El próximo concierto será el domingo 12 de junio a las 19:00 de la tarde.

https://www.facebook.com/events/1043468315722303/

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