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ESTUDIAR MÚSICA: DUDAS DE LOS PADRES

Como madres y padres consideráis que la educación musical es algo altamente beneficioso para vuestros hijos. Y ya aquí comienzan las dudas. La primera decisión a tomar es: ¿Apunto a los niños a música? ¿Qué edad es la mejor para empezar? ¿Escuela de música o conservatorio?...

 

 

Entre todas estas decisiones, a los padres después les corresponde ayudar a elegir a sus hijos un instrumento, pero, ¿cómo? ¿Con qué criterio? Si en vuestro centro de estudios no les hacen muestras o talleres instrumentales os recomiendo que al menos hagáis lo que esté en vuestra mano (y agenda) para que puedan conocer los instrumentos menos populares algo más de cerca. Simplemente, yendo a Youtube nos abre una ventana a todos ellos desde casa sin el menor esfuerzo (como este, por ejemplo), pero seguro que podéis encontrar algún concierto de la banda municipal, de un grupo de cámara o incluso de una orquesta. Y si algo podemos agradecer a la pandemia es que afloraron muchos más conciertos matinales de otros géneros, como el jazz, hasta ahora muy nocturnos. Cualquiera de las opciones es un planazo para toda la familia, muy barato y nunca está de más.

Pero si ya tenéis este paso superado, estáis inmersos en el mundo musical en cualquiera de sus formatos, la pregunta es...¿cuánto tiene que practicar? Lamento deciros que no hay una tabla con horarios precisos según curso y edad, pero sí hay unos mínimos que os pueden servir de orientación. 

 

Cómo practicar en casa

Como todo, cada estudiante tiene sus condiciones, sus dificultades, o aptitudes que le permiten variar ese tiempo dedicado a la práctica en casa.

  • En primer lugar: practicar en casa es necesario.

  • Dependiendo del curso, la edad y el sistema de estudios varía mucho el tiempo diario necesario exigido para avanzar.

  • Lo ideal es estudiar todos los días aunque sea menos tiempo, que darse la panzada el día antes de clase o del concierto. Es un cliché, pero es así. Tenemos memoria muscular, además de todas las dificultades que se pueden ir asimilando con ese estudio diario, concreto, centrado y pausado.

  • No es la misma dedicación la que se requiere siendo alumno de una escuela de música que de un conservatorio, porque no es el mismo objetivo tampoco, pero aún así, los estudiantes de escuelas de música deberían aprovechar más esas clases y la oportunidad de desarrollar los conocimientos musicales que allí van adquiriendo.

  • Si desde niños tenemos el estudio convertido en hábito, no será un problema ir ampliando el tiempo de dedicación cuando vayamos avanzando de curso.

  • Venga, os doy algo más concreto: para un niño, principiante, valdría con estudiar 15 minutos (reales) al día. Pero esto es una quimera teniendo la cantidad de clases a las que les sometemos. Si se trata de un estudiante de conservatorio, por ejemplo, en primero de Enseñanzas Profesionales, ya sería necesario que las sesiones diarias fueran al menos de 45 minutos, distribuidas en técnica (escalas, ejercicios concretos, etc.), estudio y obra. Y de ahí en adelante con el avance de cada curso.

  • ¿Qué pasa si no puedes mantener esa disciplina? En una escuela de música, nada. Solamente que el ritmo de aprendizaje será muy lento, y si aun así, disfrutas simplemente yendo a clase, está bien, pero si no, suele llegar el aburrimiento, la frustración y por ende, el abandono de la actividad. Si en el conservatorio no estudias, suspendes y no les da ni un poquito de pena.

  • Hay que superar la pereza y aprovechar bien esas clases y los magníficos profesores que habitualmente hay en las aulas, disfrutar de cada pequeño avance y tener la paciencia necesaria, porque en unos años se tendrá la capacidad de afrontar obras más importantes o la posibilidad de participar en una orquesta y vosotros, los padres, ser su fiel público.

 

 

Consejos para facilitar esa rutina de estudio:

 

  • Ayudarles a sacar y montar el instrumento, sobre todo en el caso de los cellos.

  • Que tengan su propio espacio de estudio con las menores distracciones posibles.

  • Los accesorios adecuados a punto: atril, lápiz, correa, partituras organizadas.

  • Ayudarles a afinar el instrumento si es que aún no saben.

  • Y puede ser muy positivo que normalicéis que toquen para vosotros, que se sientan escuchados y valorados. No se trata tanto de aplaudir sin más, sino poner en valor sus avances, su esfuerzo e ir minimizando los nervios de tocar en público.

 

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